Museo de las Madres Conceptas
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FUNDACION: UBICACIÓN: 10 de Agosto entre Bernardo Valdivieso y Olmedo HORARIO DE ATENCION: El monasterio de las Hermanas Concepcionistas es el segundo más antiguo del país: y, junto a los conventos de Santo Domingo y San Francisco, es una de las primeras edificaciones religiosas de la fronteriza ciudad. Construido a finales del siglo XVI y fundado por las hermanas María, Ana e Isabel Orozco, bajo las normas de la santa portuguesa Sor Beatriz Da Silva, se convirtió en el corazón orante de Loja. Por siglos devotas mujeres se enclaustraban allí para implorar a Dios por su pueblo. Estos siglos de existencia han dado pábulo a innumerables leyendas. Por todas estas características, que se suman a las arquitectónicas, el claustro se encuentra inventariado en los archivos del Instituto Nacional del Patrimonio Cultural. Conforma una manzana urbana: se ubica entre las calles 10 de Agosto, Rocafuerte, Bernardo Valdivieso y Olmedo. Las necesidades actuales obligaron a la comunidad a levantar edificaciones modernas en el recinto, a abandonar la zona antigua; y, a vender parte del terreno a instituciones privadas. El monumento corresponde a diferentes épocas, desde el siglo XVI hasta la presente fecha, por lo que presenta un sinnúmero de datos históricos y arqueológicos. En él priman materiales sencillos como piedra, arcilla, madera, carrizo, cabuya y desechos orgánicos. La no-existencia de vestigios arquitectónicos de los primeros años de la colonia se debe a los terremotos ocurridos a medidos del siglo XVIII. No obstante a que la restauración demanda mucho dinero y dado que los materiales sólo se consiguen en Europa, Ángel Guamán, especialista en restauración, trabaja sin descanso en un pequeño taller, él es quien nos explica la riqueza religiosa del convento. Juntos entramos en el museo, dispuesto dentro de una arcaica capilla, sacristía y oratorio. Pese a que no se ha emprendido la restauración sí se ha hecho una prolija obra de limpieza. Un magnífico tabernáculo, tallado con espejos y pan de oro, nos da la bienvenida. Más allá están decenas de cuadros pertenecientes a las escuelas quiteña y cuzqueña. En cuanto a escultura contemplamos a una multitud de angelitos y a la efigie de San Miguel Arcángel. Esto, afirma, es sólo una décima parte del valor del monasterio. En lo que antes fue un oratorio, está la vívida imagen del siglo XVIII, en aquel lugar está un fogón, cerca una vajilla hecha con arcilla, sillas y mesas elaboradas a mano, un armario con apliques prehispánicos cincelados a mano, bargueños, que sólo pudieron transportarse a bordo de galeones españoles; y, un baúl con incrustaciones de latón, cuyo modelado se asemeja a piel de lagarto, algo sumamente extraño para esa centuria. Las obras son de incalculable cuantía: lienzos en variados formatos, escultura policromada, tallas con pan de oro, textiles, mueblería, pintura tabular, retablos, murales, papel y objetos utilitarios. Además innumerables, ya que incluso esa mañana, tras una puerta falsa, se encontró una habitación repleta de enseres. Nos despedimos de Ángel Guamán quien, ya en su taller, descubre en una figura falsa de Jesús a Santiago El Mayor, este modelo, lleno de yeso y algodón, deja entrever un esgrafiado italiano en pan de oro. En su mesa de trabajo está también un cuadro cubierto de papel barnizado con cola de conejo y miel de abeja. Bien se puede decir entonces que todo depende de cuan sensibles seamos para poder observar, en lo que nos parecen ruinas, la más grande riqueza y al más importante regalo que nos hace el pasado: nuestra identidad.
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