Los Tumbapuertas de hace un Siglo
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LOS TUMBAPUERTAS DE HACE UN SIGLO
Loja desarrolla asiduamente la política y cultura musical. Hay un crescendo muy importante de la clase media o ya cultural, o ya políticamente. La sociedad está forjando permanentemente la educación. La gente es emprendedora. La idiosincrasia lojana se identifica con una situación raigal. Si acaso ha abandonado la tierra, de donde esté regresa a su patria chica. La ciudad de días primaverales, con su gente y su historia saturada de variadas tradiciones y leyendas sobre avaros, chulqueros y prósperos comerciantes, que a veces han perjudicado a unas o muchas personas, provocando estos aventureros, humanas fantasías con sabor realista, han hecho incalculables bienes a al cultura. En las fiestas del ocho de diciembre, los mercados y plazas de Loja se encuentran pletóricos de alegría y felicidad, se comercia con provincias y pueblos vecinos, las personas salen de sus hogares a encontrarse con amigos y visitantes que en las calles se quintuplica la población, la que se entrega a la fiebre de los negocios, es un tiempo de paz y dicha, anunciando ya la llegada de la Navidad. Son las ocho de la mañana, el pabellón nacional es izado mientras se elevan los acordes del Himno Nacional en el Cuartel del Batallón Vargas Torres, momentos después suenan repetidas descargas de fusilería dentro del cuartel. ¡Qué sucede! Dentro del cuartel se han sublevado los soldados al grito de ¡Alimentos, alimentos, alimentos! Asesinan centinelas los que son arrojados a las calles, se disparan innecesariamente las armas, destrozan las puertas de las oficinas públicas de recaudación para apropiarse del dinero, salen a los almacenes a destruir todo, roban, agotan los licores extranjeros de sus estanterías, van a las casas de igual manera hacen lo que sus impulsos e instintos les ordenan. La policía incompetente para detener al batallón, se une a ellos y de esta suerte se extiende el horror y la destrucción ¡Qué barbarie! Nadie puede controlarlos, el pueblo indefenso y sin armas 8 y 9 de diciembre de 1906 para no olvidarse jamás del salvajismo de la tropa en contra de sus hermanos lejanos, en época de paz y fiesta se cometió el saqueo a Loja, cuando soldados ebrios causaron los mayores perjuicios a su pueblo. En medio de los destrozos de las puertas de los comercios, anaqueles rotos, vidrieras y mostradores en pedazos, ya no tenían que más hacer, pero ¡Cuál fue la causa! Era el hambre de dos meses a la que estaban sometidos los soldados sin raciones alimenticias por culpa del gobierno indolente, provocando una página de infamia y dolencia para Loja y así los lejanos no culpaban de saqueadores y ladrones a los soldados, a los que recogían de las calles objetos arrojados por los saqueadores, ni a los que improvisaron fortunas. Se los llamaba "los del ocho", frase que equivalía a ser ladrón. Una patrulla de soldados el día de triste recordación, penetra en la casa de un caballero rico de Loja, y a más de esta cualidad muy distinguida e inteligente. Los soldados ávidos de fortuna, deseosos de vino, tumbaron las puertas, y al penetrar en las habitaciones destruyeron muebles señoriales y de mucho valor, con el afán de imponer pánico, abrieron baúles, cajas y gavetas y encontraron pequeñas cantidades de dinero, continuaron en su obra destructora. Más, ¡qué asombro! Se encuentran con un enorme depósito de billetes de banco, de treinta y cinco a cuarenta mil soles. Gritaban estupefactos, esta es la causa de nuestra pobreza, los ricos se guardan nuestra plata, mientras la tropa se muere de hambre ¡Viva Alfaro¡ ¡Viva el saqueo¡ Todos los compañeros se acercaban a ver el tesoro y desesperados se arrojaban sobre el depósito de billetes, se olvidaron del resto de las pertenencias de la casa y alegres con semejante hallazgo, llenaron cuanto pudieron de billetes y salieron felices.
La riqueza obtenida con el robo fue demasiada y efímera. Cuando terminó el saqueo empezó a circular los billetes y pronto se conoció que eran de bancos peruanos, que ya no servían, pues eran de bancos que se presentaron en quiebra hace muchos años. Algunas familias lejanas en aquellos tiempos tenían acciones en el Banco Territorial o Hipotecario de Lima. Quebraron los bancos y se quedaron sin valor sus billetes que fueron entregados a los accionistas que los solicitaron.
Asciende como a trescientos mil sucres la cantidad que perdían las familias Eguiguren de Loja, según cuenta el señor que le robaron sus billetes en el saqueo. Eran los billetes que su dueño creía totalmente inútiles, pero en ese momento fatal para los conciudadanos lojanos fueron de gran utilidad, sí no fuese por ellos, cuántos perjuicios más hubiesen causado a su casita; la tropa enardecida que vivió la ilusión de la fortuna de un día, creyéndose millonaria y sin causar daño a su dueño y familia abandonó su casa bajo la falsa ilusión de la fortuna. |
